Datos personales

Mi foto
Poesía, ficciones y otras ocurrencias

domingo, 24 de febrero de 2013

Otra ficción



Toma, lee

A partir de que —como dice el dicho— tuvo uso de razón y Agustín aprendió a leer desarrolló su gusto por los libros, gusto que al paso del tiempo se convirtió en pasión que sólo rivalizaba con su devoción religiosa. Sin embargo Agustín supo combinar ambas debilidades sin conflicto, se convirtió en un reconocido coleccionista de libros, principalmente religiosos.
Invirtió todos sus recursos, tanto los que había heredado de sus prósperos padres, los que ciertamente no eran pocos ya que fue hijo único, y los que obtuvo en el ejercicio de su profesión de abogado. Célibe recalcitrante, nada lo distrajo de su bibliomanía.
La que fuera la casa familiar de tres generaciones se convirtió en una formidable biblioteca al punto de que con el paso del tiempo en más de una ocasión estudiosos e investigadores académicos le solicitaban a Agustín permiso para consultar su ya para entonces reconocida colección. Un ejemplar del Liber Chronicarum de 1493, era la estrella de su colección, incluso tenía un importante incunable americano, el Escala espiritual de San Juan Clímaco impreso en la Ciudad de México en 1539.
Una decisión que a Agustín le pareció difícil e importante fue la diseñar su ex libris, éste tenía que reflejar el espíritu con el que había ido formando su colección. Fueron muchas las imágenes y lemas que consideró, sin embargo terminó eligiendo una de las primeras y ciertamente populares, era la imagen de San Jerónimo debida a Domenico Ghirlandaio el pintor italiano del siglo XV. En cuanto al lema que iría junto a la imagen estudió frases y citas en latín y griego, finalmente no le resultó difícil optar por la que se dice hizo que su canonizado tocayo Agustín de Hipona acudiera a la Biblia: Tolle, lege y para completar la idea agregó en español y ruega por mí. De esta manera pensó Agustín que cualquiera que leyese uno de los libros de su biblioteca le dedicaría por o menos una plegaria.
El tiempo pasó, Agustín iba a la iglesia con el gusto que le daba estar en su biblioteca y cuidaba de ésta con la amorosa dedicación con la que participaba en la iglesia. Fue precisamente ese transcurrir del tiempo el que lo obligó a plantearse una angustiosa interrogante ¿Qué ocurriría con su biblioteca a su muerte? Sin descendencia propia y no tener ni siquiera un sobrino, optó por lo que le pareció una piadosa idea, la parte de libros clásicos y de alto valor los dejaría a la biblioteca de una afamada universidad, todos los demás serían para una población elegida al azar para que con ellos se creara una biblioteca a la que pudiese acudir quien quisiera.
Como abogado que era, armó todo de tal suerte que no hubiese manera que alguien abusase de su ausencia. La gestión de sus disposiciones quedó a cargo del bufete para el que Agustín había trabajado por años y sus colegas, con respetuosa diligencia aplicaron a rajatabla cuanto él había determinado que se hiciese.
El día que cerró los ojos para siempre uno de sus compañeros del bufete inició el proceso que conduciría a la distribución de sus bienes, de los que la biblioteca constituía la parte más importante.
Bien se dice que a pesar de lo que uno proponga no faltará que algo o alguien lo descomponga, ojalá que la salvación del alma de Agustín no dependa de las oraciones que por él digan quienes tengan sus queridos libros entre sus manos, estos fueron a dar a un pueblo que no sabía latín y era analfabeto.

martes, 19 de febrero de 2013

Canción


Copos de carne 
tacto de seda 
uno se oculta 
el otro se muestra 

Corola de fuego 
fruto que tienta 
saciedad, plenitud 
tentación satisfecha 

Címbalos mudos 
que suenan 
a rito nocturno 
a música secreta 

Escaparon las palomas 
durante mi siesta 
en mi sueño las tengo 
en una jaula sin rejas

viernes, 15 de febrero de 2013

Microficción



Salvación
Nunca conocí a nadie más sensual y mundana que tú, eso me salvó.
.
Grande fue mi virtud al resistir, de ti la tentación.
.

jueves, 14 de febrero de 2013

Para leer antes de ir a la cama


Rendido


por los malabares 
de tus manos vagabundas 

Por las contorsiones 
sin pausa 
de tu cuerpo 

Sobre la llanura de algodón 
espero 
la primavera de tu piel 
que lleve 
a despertar de nuevo 
la flor encarnada del deseo